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¡¡Diosito llévame a mi en su lugar!!, eran las palabras de Anita una niña de apenas 6 años,  frente a ella estaba su papá en un féretro, no podía creer que después de muchos meses de no verlo, su reencuentro sería así, ella lo veía fijamente, y  en su mente ella decía: ¡está dormido!, ¡despierta papá!, mientras sus ojitos se llenaban de lágrimas. Anita no podía aceptar que jamás volvería a hablar con él, abrazarlo, verlo reír, ella solo esperaba un milagro, rogándole a Dios que eso fuera una pesadilla. Pasaron los días y su dolor se convirtió en coraje, estaba peleada con el mundo, ¿Por que mi papa? se preguntaba así misma una y otra vez sin obtener ninguna respuesta, !Quizás si hubiera estado con él, no le habría pasado eso!.. Anita se sentía culpable, y era en verdad su ¿culpa?, su dolor no la dejaba ver que es un suceso que no está en nuestras manos. 

Extrañar sin sufrir

La mamá de Anita se empezó a preocupar por ella, ya no quería comer, ni jugar, se la pasaba en su cuarto llorando, era una pequeña que no entendía por lo que estaba pasando, ella estaba en una etapa de depresión, solo quería dormir con la esperanza que al despertar su papá estaría ahí. Una mañana su mamá le dijo, ¡ven, quiero que me acompañes!, sin ninguna otra opción Anita se levantó y acompañó a su mamá, era un lugar especial, donde la mamá de Anita  entendería que le estaba pasando a su hija, tomar la decisión de llevarla a ese lugar no había sido fácil, hablar de psicólogos para muchos es penoso, se tiene la creencia que es para la gente “loca”, pero la realidad es que la gente “cuerda” es la que busca este tipo de ayuda, como la mamá de Anita. Al asistir a las sesiones la mamá de Anita supo que lo que le pasaba Anita era de lo más normal.

La psicóloga le explicó que el duelo se puede vivir de manera diferente según de cada persona que aunque el suceso era el mismo puede ser experimentado muy diferente según la edad, inteligencia emocional, madurez mental, de cada persona. La psicóloga le explicó a Anita que cuando las personas perdemos a alguien a quien queremos mucho es normal que no queramos aceptar la situación, esa fase se conoce como NEGACIÓN, seguida de esta fase, llegan los sentimientos de frustración e impotencia, normalmente expresados como IRA o enojo, o en reclamos violentos hacia Dios, hacia uno mismo o la vida en general.  Anita se dio cuenta que mucho de lo que le dijo la psicóloga lo había sentido y ella estaba en la fase de DEPRESIÓN.  La última fase sería la ACEPTACIÓN donde la compresión y la calma llegan, ahí se logra entender que la muerte es parte de nuestra vida inevitablemente. Con ayuda de la psicóloga y la mamá de Anita, muy pronto Anita, aceptaría que su papi ya no está físicamente con ella, pero que él siempre estará en su corazón y ahí nunca morirá.   

¿Alguna vez te sentiste como Anita? Si has perdido a un ser querido te aseguro que si. Son las distintas etapas de sobrellevar un duelo, sin duda es uno de los momentos más difíciles que puede sufrir un ser humano, la aceptación es la última etapa de un duelo,  donde  puedes comprender que la muerte no existe; la gente sólo muere cuando la olvidan…

Pensando en ti Funeraria Oaxaca, te acompaña y te ayuda para cuando ese triste momento llegue. 

QUE LA PENA QUE SIENTE TU CORAZÓN SE VEA ALIGERADA POR EL AMOR DE AQUELLOS QUE TE RODEAN

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